jueves, 7 de marzo de 2013

Casanegra

«(...)it's still the same old story
A fight for love and glory
A case of do or die
The world will always welcome lovers
As time goes by»

Herman Hupfeld

Por más que forcejeó, no pudo moverse del sitio. Sin saber cómo, Miguel había quedado atrapado en esa red pegajosa que se adhería a sus brazos y piernas. Tomó conciencia de lo que le estaba ocurriendo cuando vio a la araña, negra y amenazante. Había caído en sus redes. Intentó escapar sacudiendo todo el cuerpo pero el esfuerzo fue inútil. La araña se le acercaba abriendo y cerrando lentamente los dos dientes, entre los cuales cabía el cuello de Miguel. Y justamente a su cuello iba dirigido el ataque.

—¡Nooo! —gritó incorporándose sobresaltado de la cama donde había pasado la noche. Se puso de pie y recorrió la habitación con la mirada. No recordaba el lugar.

Con el corazón aún acelerado por la pesadilla, abrió la puerta y se asomó a un largo pasillo sembrado de puertas iguales, todas cerradas.

—¡Hola! —dijo—. ¿Hay alguien ahí?

Caminó por el suelo alfombrado, moviéndose sigilosamente hacia la escalera que se veía al final del pasillo.

—¡Hola! —repitió.

—Buenos días —la voz llegó desde la planta baja. Miguel se precipitó hacia ella.

El amplio comedor del hotel estaba vacío a excepción de una de las mesas cercanas a la puerta de la cocina, desde la que una joven morena de aspecto agradable sonreía al recién llegado.

—¿Ha dormido bien? —preguntó la muchacha.

—No lo sé —contestó Miguel esforzándose por hacer memoria—. No lo recuerdo... ¿Quién es usted?

—Es verdad, no me he presentado. Disculpe la descortesía... Mi nombre es Carmen y soy la dueña del hotel...

—Le parecerá extraño pero no recuerdo cómo he llegado hasta aquí.

—¡Vaya problema! —exclamó ella con gesto de preocupación—. ¿Qué le parece si desayunamos juntos mientras intenta recordar?... Los huéspedes de anoche se han ido temprano, estamos solos.

Miguel se sentó a la mesa, dejando que sus pensamientos se perdieran a lo largo del sobrecargado ribete del mantel.

Carmen regresó a los dos minutos con café, bacon y huevos.

—Bien —dijo mientras le servía—. En principio no son muchos los caminos que conducen hasta aquí... Ayer era tarde en la noche cuando usted apareció. Seguramente venía del pueblo... Le di una habitación sin registrarlo. ¿Puede decirme, ahora, su nombre para poder anotarlo en mis libros?

—No lo sé—. Acababa de comprenderlo horrorizado—. No lo recuerdo... ¡No consigo recordar absolutamente nada!...

Aquello no era del todo cierto. Algo sí que recordaba. Recordaba la horrorosa pesadilla que esa mañana lo había arrebatado de las sábanas.

—Horrible, horrible— repitió, haciendo presión con sus dedos sobre el entrecejo.

La mujer, compasiva, tomó la mano de Miguel, esforzándose por infundirle confianza con una caricia.

—Intenta no preocuparte. Estas cosas son más comunes de lo que crees y la mayoría de las veces duran unas pocas horas.

Con suavidad, estiró sus dedos y extendió la mano de Miguel con la palma hacia arriba.

—¿Te cuento un secreto? —Sus ojos negros quedaron fijos en los de él. —Sé leer la vida en las lineas de las manos —dijo en un murmullo.

Miguel volvió a tensionarse.

—Tranquilo... No haremos nada que tú no desees... Si quieres puedo contarte cómo te vimos llegar aquí anoche.

—¿Me vieron?... ¿Quiénes?

—Anoche había fiesta en Casanegra, al menos doscientas personas...

—¿Casanegra?

—Es el nombre del hotel. El señor Farías, un rico terrateniente de la zona, era quien lo había arrendado por entero para recibir a unos inversionistas. Este mismo salón estaba lleno de gente hace unas horas... Tú llegaste en medio de una tormenta torrencial que se desató imprevistamente. El hotel estaba cerrado al público pero, dadas las circunstancias, el señor Farías te permitió entrar a refugiarte y participar de la fiesta.

—No recuerdo la fiesta, ni la tormenta... Ni quién soy.

—Pues anoche estabas muy cansado. Bebiste apenas un par de copas con los invitados y luego hubo que prepararte una habitación. Ese pijamas que llevas puesto era del señor Farías.

—Deberé agradecer su hospitalidad cuando lo vea...

—Ya se ha marchado. Y tú tienes cosas más urgentes de las que ocuparte... Déjame ayudarte... Tal vez arriba, entre sus ropas, haya algún documento que acredite tu identidad...

—Es verdad —dijo Miguel recuperando la confianza—. Subiré a ver.

Carmen lo siguió a la habitación donde escudriñaron entre sus escasas pertenencias hasta encontrar el pequeño documento en forma de libreta.

—¡Aquí está! —exclamó él mientras pasaba ansiosamente las hojas—. ¡Miguel!... ¡Me llamo Miguel Ríos!... Creo que ya comienzo a recordar algo—. Y le pasó el documento a Carmen para que lo viera ella también.

—¿Qué recuerdas?

—No lo sé, es algo vago aún...

—Miguel Ríos —corroboró Carmen mirando la libretita—. Pero... No puede ser... Esta libreta fue emitida en Olmos Viejos, Genteovejuna, en el año 1992.

—Es fantástico... Vuelvo a saber mi identidad—. Miguel controló su euforia al ver la expresión preocupada de la mujer—. ¿Hay algo de malo?...

—Nada, sólo que estamos a medio camino entre Concepción y Los Penitentes, a más de mil kilómetros de tu hogar. Deberás recordar cómo llegaste hasta aquí... Sobre todo porque estamos en 1942... ¡Tu Libreta de enrolamiento no será emitida hasta dentro de medio siglo!

Ilustró: Txiki González
Otra vez la sensación de no poder moverse, de ser un insecto atrapado en la telaraña. Y la araña que se acercaba irreversiblemente para hacer presa de él...

 —¡Despierta! —dijo Carmen, sacudiéndole los hombros. Aún en estado de shock, pudo ver la angustia en la cara de su anfitriona—. Intenta controlar tus emociones, Miguel, todo esto tiene que tener una explicación lógica... Vamos a buscársela...

—Pues a mí no me mires... Eres tú la adivina...

—Tienes razón. Si me lo permites, puedo leer las lineas de tu mano...

Volvieron a la planta baja y se sentaron en las mecedoras del jardín trasero. Carmen pasó sus dedos por la palma desnuda de la mano de Miguel pero los retiró de inmediato.

—¡Horror! —dijo—. ¡Te falta la línea de la vida!... Es la primera vez que me encuentro con algo así... En la línea de la vida se encuentra grabado el destino y el pasado... ¡A nadie puede faltarle!

Miguel ya había perdido la capacidad de asombro.

—Bueno... Si es cierto que vengo del futuro, se explica perfectamente que no tenga pasado...

—Es verdad —dijo la mujer reflexiva—, si todavía no has nacido, mal podrías tener un destino... Al menos no en este mundo...

Durante los siguientes minutos, meditaron en silencio buscando una explicación. La antigua angustia humana, acotada a lo individual. No saber quién era ni de dónde venía...

Poco a poco, Carmen se fue acercando a la silla del muchacho.

—Me encantaría poder ayudarte —le dijo acariciándole el cabello. Miguel se aferró a las caderas de la mujer como a la única certeza. Ella era lo único que él conocía. Lo único concreto. Lo único tangible. La mujer. Sintió deseos de hacerla suya.

Antes de que pudiese darse cuenta, Carmen se había sentado en su regazo y lo besaba. Primero con ternura. Luego con pasión.

Cerró los ojos para entregarse a ella pero volvió a encontrarse con la gigantesca araña, cada vez más cerca de su cuello.

—Relájate —dijo Carmen al verlo estremecerse—. Intenta no pensar en nada.

Y abrió la boca para besarlo. Para comerlo. Y Miguel ya no pudo seguir evadiendo la realidad de no ser más que un moscardón atrapado en la tela de una viuda negra. Un simple insecto que, para evadirse de su destino, imaginó ser un hombre perdido en medio de una época que le era ajena.

Recuperó su identidad en el mismo momento en que los dientes de la araña comenzaron a desgarrar su frágil cuerpo invertebrado.

(Publicado originalmente el 8 de diciembre de 2011)

4 comentarios:

  1. Homenaje a una noche boca arriba?
    Lo dejamos ahí...
    Algo que mi deformación profesional me impide no decir (doble negación de los cojones) es que las arañas no son insectos.
    Igual me gustó el personaje de Carmen, y que el hotel se llame Casanegra me parece espectacular y ese pijama del señor Farias es una metáfora de qué? Ultimamente ando un poco psicoanalítico. Abrazo grande pibe, ya estoy ansioso por la semana que viene!!

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  2. Tenés razón. Ya está corregido. Gracias.
    Creeme que apenas estoy repasando los textos un par de veces, un momento antes de publicarlos, y así pasan estas cosas...

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  3. Me gustó. Y yo sigo con más preguntas: Por qué justo 1492?
    Es una pregunta un poco simple, lo sé, pero quizás me estoy perdiendo algo.

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  4. 1942 es el año de estreno de "Casablanca", pero no tiene mayor importancia en el relato.

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