jueves, 15 de diciembre de 2011

Caballeros y dragones

 
—Estoy perdida, sola en medio de un bosque. Está anocheciendo y los árboles que me rodean se vuelven cada vez más fantasmagóricos. No encuentro el camino que me devuelva a la civilización. Tiemblo. Sudo. Me angustio. Cansada ya del inútil peregrinar, me siento sobre una roca y estallo en lágrimas...

»Pasados unos minutos, me compongo y apoyo la espalda contra el tronco de un enorme árbol dejando caer mis brazos a los lados. Tanto como para mantener mis nervios ocupados, comienzo a juguetear con la tierra y la hierba que me rodean. Así, casualmente, descubro que el tronco del árbol sobre el que estoy recostada es hueco. Me pongo de pie y veo que la corteza ha sido arrancada en un sector, creando un agujero del que no alcanzo a ver el fondo.

»No me pregunte por qué, abandono toda cautela e introduzco mi mano en el interior del hueco. Tanteo una superficie rugosa y un cofre de hojalata. Los saco del agujero; se trata de un lienzo de pintor y una caja de acuarelas. Me sorprendo. El corazón me palpita. Me alegro. Olvido de inmediato la soledad del bosque, la oscuridad y el miedo... ¡Siempre quise ser pintora, desde niña!... Interpreto aquel hallazgo como un presagio. Sin detenerme a analizarlo, cojo un pincel y comienzo a manchar el lienzo con trazos de colores que poco a poco van adquiriendo inesperadas formas. Hago catarsis de mi angustia y mis miedos... Dejo que mi mano se deslice sola, sin ser conciente de mis propias ideas. Entro en éxtasis... La inspiración llega desde lo más profundo de mi alma. Tanto, que pronto no puedo creerme que aquel lienzo estuviese en blanco antes de que yo lo tocara...

»Casi he conseguido ahuyentar todos mis fantasmas cuando descubro, nuevamente horrorizada, una pequeña llama en el centro de la pintura. Intento apagarla con la mano pero me quemo. En cosa de un segundo el fuego se extiende por el lienzo, destruyendo toda mi obra. Desesperada, levanto la mirada y descubro el origen del incendio. ¡Un enorme dragón que me mira desafiante!... Mi cuerpo no me responde. El dragón, enfurecido, vuelve a escupir su llama, esta vez apuntándola hacia mí. Esforzándome más allá de mis posibilidades, consigo huir corriendo por el bosque. Pero el dragón es gigantesco y derriba árboles como quien aparta la maleza. Pronto me veo acorralada por el monstruo.

»Ya estoy encomendando mi alma al Señor cuando aparece él... Un valiente caballero embutido en su armadura y montando un imponente zaino negro. Desafía al dragón y, tras un truculento combate, consigue darle muerte atravesándolo con su lanza.

Ilustró: Txiki González
»Sin siquiera inmutarse, mi caballero estira su mano enguantada en cota de malla y me ayuda a subir a su cabalgadura. Al galope, rumbeamos hacia un gran castillo que se divisa en la distancia. Yo me relajo y dormito un rato, abrazada a mi salvador... Cuando llegamos al castillo él se quita la armadura y el terror vuelve a hacer presa de mí... No se trata de un gallardo caballero, como yo había supuesto ¡Es un horrible ogro!... Un monstruo peludo que ríe mientras me arrastra hacia la torre y me coloca grilletes en ambos pies. Grito hasta desgañitarme pidiendo auxilio pero nadie me escucha. El primer latigazo que recibo me rompe el vestido y me saca sangre del pecho izquierdo. Al segundo latigazo, pierdo la conciencia...

»Por lo general, llegados a este punto, me despierto bañada en transpiración... La pesadilla se repite cada vez con más frecuencia e intensidad. Las últimas veces tardé varios minutos en darme cuenta que no había sido más que un sueño... ¿No me estaré volviéndo loca, doctor?... Temo que llegue el día en que no sea capaz de distinguir de qué lado de la realidad me encuentro...

—Eso no sucederá, Nancy. Juntos descubriremos el origen de tu pesadilla recurrente... Antes de comenzar con la terapia de hipnosis me gustaría saber cómo es un día de tu vida... Ayer, por ejemplo ¿Cuáles fueron tus actividades?

—Ayer, bueno... Me desperté sobresaltada y debí hacer un esfuerzo sobrehumano para salir de la cama. Me lavé la cara y bajé a preparar el desayuno para Pablo y los niños. Mi marido no acabó de desayunar. Como siempre, iba atrasado y partió hacia el trabajo sin decirme a qué hora regresaría. Luego pasé cuarenta minutos lidiando con los niños hasta que se hizo la hora de llevarlos a la escuela. Hice todo el camino de regreso pensando en lo crecidos que están ya mis hijos y en lo poco que he podido disfrutar de ellos por preocuparme demasiado y correr todo el tiempo tras las cosas más inmediatas...

»Últimamente pienso mucho en mi vida... La pintura, por ejemplo, hace años que no pinto. Tuve que dejarlo al nacer los niños. Me casé con Pablo cuando quedé embarazada, pero no estoy enamorada de él y dudo mucho que él lo haya estado de mí en algún momento...

»Pero le estaba contando mi día de ayer... Luego de dejar a los niños fui al supermercado y después a casa, deprisa, que tocaba limpieza general. Preparé el almuerzo como pude para que estuviese listo al mediodía. Los niños tienen sólo dos horas para comer y regresar al colegio... Yo apenas probé bocado por que llegaran a tiempo...

»En parte prefiero estar inmersa en esta rutina, así no tengo tiempo de pensar en la vida que llevo ni en Pablo, que cada vez se queda hasta más tarde en la oficina... Cuando se fueron los niños llamó mi amiga Lilian. Fue una sorpresa. Hacía más de un año que no recibía noticias suyas. Quería invitarme a una exposición de pintura barroca que ha llegado a la ciudad. Como se imaginará, tuve que rechazar la invitación... Mis obligaciones como madre y esposa prácticamente no me dejan tiempo para ocuparme de mí misma... ¡Ya no resisto más, doctor!...

—¿Necesitas un pañuelo, Nancy?... Probaremos la hipnosis cuando estés más tranquila... Intentaré ayudarte, aunque me desorienta un poco tu caso. Por lo general, la gente acude a mí para descubrir y superar aquellos traumas que les impiden realizarse como personas. Pero, después de todo, tu vida es como siempre la has soñado...

4 comentarios:

  1. Si es caballo zaino no puede ser negro, si es ganado zaino entonces zaino negro es redundante.
    Perdón pero me encanta romperte las bolas, tengo otros detallitos para joderte pero imagino que lo habrás terminado ayer a la noche.
    La verdad es que me gustó mucho el cuentito, el comentario del psicólogo es lapidario, tiene la vida que siempre soño! Jaja! me gusta, megusta. A ver si nos juntamos estos días boludo, hace bocha que no te veo!!

    ResponderEliminar
  2. Me gustó la narración del sueño. Muy bien escrita, muy dinámica, entretenida... El psicólogo un CAPO.

    ResponderEliminar
  3. Laín:
    ¡Así te quería agarrar!... Tocando de oído.
    Los pelajes zainos, en el equino, son basicamente tres: Negro, colorado y doradillo (depende hacia qué gama de color tienda el marrón-rojizo que define el pelaje zaino).
    También he escuchado hablar por ahí de "zaino hosco" (entre negro y colorado) y "zaino pangaré" (entre colorado y doradillo), pero para no humillar demasiado vamos a dejarlo sólo en tres :)
    Adelante con los otros "detallitos", que usted nunca molesta.

    ResponderEliminar